Una película, no me cansaré de repetirlo, debe, en primer lugar, divertir, después puede añadir a su fórmula todo lo que quiera. “Quiero ser millonario”, como se ha traducido al español el clasista título en inglés de “Slumdog Millionaire” (había una razón para que ése sea el título, recordar el origen de Jamal Malik y el desafío que eso significaba), es un filme que logra entretener, y más. No suelo estar de acuerdo con la Academia que entrega el Oscar; pero sí sé lo que eso significa para una película, mucho dinero. Esta vez debo reconocer que me alegra recordar los ocho premios que se llevó “Quiero ser millonario”.
El esquema, en esencia, es simple, las fórmulas siempre lo son, niño bueno, Jamal, niño malo, Salim, hermosa en problemas, Latika. ¿Final feliz? Claro que sí. Después de semejantes horrores reales, habría sido una verdadera tragedia que la historia no lo tenga. Lo tiene. Vaya a verla. También debo repetir, una vez más, que no es fácil seguir fórmulas, todas las obras exitosas las tienen, un interminable filón de tonterías siguen esas mismas fórmulas sin llegar nunca a nada. El primer mérito de “Millonario” es su narración, nos cuentan la historia en tres tiempos, a medida que Jamal debe reconstruir la historia de su vida para explicar a la policía por qué sabía las respuestas.
El segundo mérito es la historia en sí. El recorrido de Jamal, en la brutal pobreza de Bombay/Mumbai, es dramático desde un inicio, no puede evitar serlo. Siendo el conflicto el corazón de cualquier narrativa, la problemática realidad de Jamal, donde él mismo es apenas un niño impotente, tiene los ingredientes necesarios para empujar la historia. El tercer mérito de “Millonario” es nunca perder de vista el nudo del asunto, que es un romance. Basada en el libro “Q & A” de Vikas Swarup, “Millonario” no tiene personajes muy interesantes, es la situación que ellos atraviesan, es la búsqueda de Jamal, su entrañable obsesión con Latika, con la que uno no puede evitar simpatizar, lo que es interesante. Es un dilema al que le van subiendo el volumen, primero la pobreza, después, orfandad, y un largo etcétera. Dos horas, para ser exactos. La resolución viene a través de una serie de acciones que podemos aceptar, no rompen las reglas que la propia narración se impuso y permiten un muy dramático momento culminante.
Por todo lo dicho, “Millonario” logra ser: A) Una denuncia de la pobreza o B) La aventura de Jamal o C) Una historia de amor o D) Una moraleja en contra del enriquecimiento sin escrúpulos o E) Todas las anteriores respuestas. La elección más precisa es ‘E’, ya que también es todas las demás. “Millonario” no es sólo un cuento de hadas, donde saldremos todos alegres por compartir la felicidad de los personajes, es también una cruda visión de ciertos aspectos de la realidad de Mumbai y lugares aledaños. El balance alcanzado por Boyle y su equipo, entre una historia sencilla presta para encantar al público, y un relato trágico, es el preciso.
El cine indio se caracteriza por ser testarudamente positivo, en las más de 800 películas que producen anualmente sería difícil encontrar un 10% de tragedias. Yo no tengo ningún problema con esto, es idiota creer que la calidad narrativa debe estar asociada a lo triste y/o terrible (tontería bastante popular en nuestro tiempo, dicho sea de paso); pero sucede que las mejores películas indias de las que tengo noticia son tenebrosas tragedias, ahí están “Salaam Bombay” y “Reina Bandido”, ambas muy buenas, horrorosas, las vi una vez, y no las volvería a ver. Más representativa del cine indio sería “Asoka”, una película histórica que yo recomiendo, sin olvidar recordarle al público que los filmes indios tienen insertadas canciones bailadas dentro de la narrativa para expresar sentimientos o acompañarlos. Doyle logra mezclar ese sentimiento positivo del cine indio y condimentarlo con una historia de bajos fondos, el resultado es un ganador que le permite a usted, de ser público, ganar también.


