Fui a ver “Paul Blart: Héroe del centro comercial” por varias razones. Una, parecía una comedia aceptable, dos, leí por ahí algo que confirmaba esa primera información y, tercero, había sido un considerable éxito comercial. La película es mala.
No es necesario decir más, es el tipo de producciones que me hacen reconsiderar mi negativa a leer a otros críticos de cine (sé que muy pocos me van a creer, pero, la mayor parte de esos tíos —si me permite el españolismo— no tienen idea de qué están hablando), de haberlo hecho, tal vez prevenido por alguna opinión, habría escogido otra película.
Entonces, cumpliendo con mí labor de crítico prevengo al público: hay mejores opciones en cartelera. Ahora, que el filme sea malo no quiere decir que no sea interesante el diseccionarlo, ver sus componentes, que es un ejercicio mental entretenido, y más que el filme.
En primer lugar debo reconocer que conocía la naturaleza de cine fácil que se veía en “Blart”, yo iba a distraerme, a relajar y sonreír con las tonterías que iba a ver en pantalla. Hay tonterías muy defendibles: “Tonto y retonto”, “Zoolander”, “Shrek I y III”, y algunas más. Debí recordar —mi optimismo me supera— que la lista sigue siendo muy pequeña en comparación al volumen de tonterías que circulan por el mercado. ¿Se acuerdan de “Legalmente rubia”? Es una buena película, de las malas.
El personaje de Reese Witherspoon, Elle Woods, es una rubia que gusta de la moda, se ocupa de ella, y por ello aparece ante los otros, que tienen el cliché de rubia tonta y superficial en sus cabezas, como una rubia más. La historia, sin ser nada rica o sofisticada, permite que el personaje, siendo como es, atraída por banalidades, logre resolver el problema y triunfar a su manera. El guión es ingenioso, no traiciona a su personaje, y construye una historia aceptable para distraer al público. Creo que “Blart” intentaba hacer algo así.
Kevin James hace un buen trabajo interpretando a Paul Blart, un guardia de seguridad en un gran centro comercial, responsablemente subió de peso para interpretar el papel, a menos que sea un efectivo maquillaje de cuerpo (posible).
James también logra hacer convincentes la acomplejada naturaleza y los sentimientos que el personaje debe reflejar. No es un personaje interesante, lo que no le quita mérito a un trabajo bien entonado.
Ahora, sucede que todo el esfuerzo de Kevin se ve derrotado narrativamente por el perdedor absoluto que debe interpretar. Éste no es tu perdedor usual, es un uberrecontraarchiperdedor. Engañado por su esposa, con un considerable sobrepeso, y careciendo del mínimo respeto de sus compañeros de trabajo, Kevin va por un tercio de la historia soportando vergüenzas. Muchas de ellas son salidas de tono, acciones innecesarias que deben mostrar a Blart como alguien insignificante, demasiado. El propósito de hacer esto es psicológico, un juego con la audiencia, es lo que se llama la historia del ‘underdog’, el desfavorecido. Para que esto funcione, se debe crear un perdedor que haga quedar bien a cualquier persona presente en el público. Para que con tus problemas, defectos, desafíos económicos, románticos o lo que sea, tú, espectador, seas mejor que Paul Blart. Y vaya que lo logran.
El guión hace el esfuerzo, aprendido de “Legalmente rubia” diría yo, de mostrar que el personaje es, será, capaz de superar el desafío que se le viene, un asalto al centro comercial, con muchos cómplices y todos ellos muchísimo más ágiles que Blart. Al principio del filme, Paul supera rápidamente una serie de obstáculos de una prueba de agilidad, él es más rápido que otros competidores, y avanza donde otros caen, sólo la hipoglucemia impide su éxito. El problema es que la construcción narrativa, a partir de ahí, se pierde, tal vez Paul sea ágil, pa’ su peso, buen tipo, a pesar de todo; pero los ladrones deben tornarse demasiado ineptos para no superar al héroe. Entre la acción y la vergüenza que vemos, quedan algunas risas, no las suficientes.